Cogí las siete letras de tu nombre y las coloqué en un crucigrama cualquiera, en definiciones distintas, alejadas las unas de las otras. Borré una a una las historias que hablaban de tí, quemé los recuerdos, las nostalgias, las mentiras. Dejé de frecuentar la zona en la que vives, odié los coches rojos, la caipirinha y a Caetano. Me volqué en mi vida, mi gente, incluso en mí misma. Juré no pensarte, no quererte, y sobre todo, juré parar como fuere ese acto involuntario de sonreír levemente cuando me invade la saudade de tí. Al principio parecía funcionar. Pero ahora reconozco que no sirvió de nada. No sé cómo hacer para que tu sotaque deje de sonar tibiamente en mis oídos, y para que tus ojos dejen de refulgir, cada vez con más fuerza, en cada esquina de mi memoria. Tendré que quererte aunque yo no quiera, aunque tú no lo merezcas. Aunque de un tiempo a esta parte yo ya no consiga pegar ojo.
¿Y sabes lo peor? Que todavía a veces me sorprendo sonriéndole, sin quererlo, a tu recuerdo.
Se me olvidó que te olvidé... a mí, que nada se me olvida.


No se si deberías sonreirle a su recuerdo,
pero desde luego lo que no debes hacer
es dejar de sonreir nunca.
BESOS Y FELIZ 2009
Hermoso post, siguiendo el juego de palabras a ese olvido de tu amor que no es olvido. Si siente el aire de despecho (tusa la llaman los paisas), pero más puede la saudade, y el recuerdo nos revienta la memoria. Un abrazo estrecho. Argivo
q dificil es olvidar cuando uno no quiere hacerlo,siempre y cuando ese recuerdo no te haga daño es bonito mantenerlo.
besotesss
Tengo muy abandonados a los amigos reales, a los virtuales y a los imaginarios. Pero ahora ya vengo dispuesto a retomar el contacto. ¿Me ayudas?
Gracias por tus visitas y por tus comentarios. Sigue escribiendo, me gusta mucho leerte. Me siento cerca.