Sorprendida
Desempolvé aquella sorpresa que guardaba para tí, y se la mostré a otra persona. Como si no hubiese soñado cientos de veces con llevarte a tí allí y pasar largas horas bebiendo y charlando con el reloj detenido. Y me sentí doblemente mal. Por él, porque le hice creer que era una sorpresa completamente nueva e improvisada... por tí, porque de algún modo te traicioné, porque, aunque seguramente nunca llegásemos a realizarla, esa sorpresa te pertenecía. Por mí, porque me sentí una imbécil que no sabe lo que quiere ni lo que hace con su vida.
Sonrió. Sé que la sorpresa le encantó. Pero aquella sonrisa amable no era la tuya. Era más calma, menos acelerada, menos infantil. Su hablar era sereno y lento... todo lo contrario al tuyo. Al entrar, tus ojos inquietos no darían crédito. Irían de un lado a otro, veloces, y se posarían un segundo en cada centímetro de aquel lugar, para volver a saborearlos lentamente después, uno a uno. Su mirar no dejaba de observarlo todo, con leve admiración. Apuesto a que tú me hubieses dado las gracias mil y una veces, y me hubieras preguntado que cómo se me ocurrió llevarte allí. Él sólo se dejó llevar e hizo pocas preguntas, confiando en un supuesto sexto sentido que yo nunca he tenido. Tú hubieras disfrutado hasta el último segundo, y te habrías hecho el remolón, y me dirías, con una sola mirada, que querías quedarte un poco más. Yo habría sonreído sin darme cuenta, como cuando te pienso a escondidas, como cuando recuerdo tus promesas incumplidas o mis eternos silencios... y me hubiese quedado hasta que nos echasen, hasta que nos emborrachásemos de aquel rincón. Y entonces yo sabría que guardar esa sorpresa todo este tiempo para tí había valido la pena.
La disfrutó, pero creo que no llegó a entenderla. Porque no era su sorpresa. Era TU sorpresa. Aquella sorpresa que inventé para tí, y que nunca realizaré contigo. No sé por qué lo hice. Supongo que quise llenar tu vacío; o quizá creí, ignorante de mí, que, por haberla creado, la sorpresa era mía.
Hoy he sabido que esa sorpresa te pertenecerá siempre. Que esto ha sido un estúpido simulacro, una forma de resarcirme o un intento masoquista de recordarte un poco más.
Espero que algún día me perdones por haber utilizado esa sorpresa, tu sorpresa, esa sorpresa que creé para tí, tan a la ligera con otra persona. He necesitado hacerlo y arrepentirme al minuto para darme cuenta de que tú eres su legítimo dueño.
Las cosas no son de aquellos que las inventan. Tampoco de los que las disfrutan. Las cosas son de quienes las inspiran. Siempre.
"Saudade é querer, não ter e não poder"









diasazules dijo
No se que decir.
Un sentimiento impresionante.
Maravilloso todo lo que dices,
lo que piensas, lo que sueñas
Me ha encantado, tanto que
me lo llevo como favorito
Un beso
16 Marzo 2009 | 09:45 AM